Cómo saber si tengo TEA y soy adulto

13 julio, 2022

Cómo saber si tengo TEA y soy adulto

En el último tiempo, el trastorno del espectro autista (TEA en adelante), ha sido un diagnóstico más visualizado en nuestros niños y niñas. Gracias a profesionales que se han especializado y han investigado sobre éste, hoy en día tenemos más herramientas para la evaluación y también, un conocimiento más actualizado sobre el diagnóstico y cómo identificarlo. Sin embargo, ¿qué sucede con las personas que hace unos años eran niños y no fueron diagnosticados a tiempo?, ¿ qué pasa con esas personas que actualmente están mal diagnosticadas o que toda su vida se han sentido diferentes al resto y no logran comprender por qué?. Hoy queremos hablar sobre el TEA en adultos, los diagnósticos diferenciales, sus señales y a quién acudir si creemos presentar el diagnóstico.

 

Frecuentemente nos ocurre en consulta, que al educar sobre el diagnóstico de TEA en nuestros niños y niñas, alguno de los padres se siente identificado o se logra identificar a algún familiar adulto con el posible diagnóstico. Frases como: “eso me pasaba cuando era niño/a” o “y en los adultos, ¿también se da”, nos dan indicio de la falta de información que había hace algunos años, diagnosticando a jóvenes y adultos con falsas depresiones o fobias sociales, incluso esquizofrenia en tiempos más lejanos.

 

Ciertamente, el hecho de que el TEA sea un espectro, puede llegar a confundir, porque entendemos que ninguna persona con el diagnóstico será igual a la otra y además, el presentar diferentes niveles de complejidad, podría ocasionar que una gran población que presenta una complejidad leve (nivel 1), pase desapercibida y no se llegue al diagnóstico. Esta realidad, podría provocar que adolescentes y adultos se sientan poco comprendidos/incluidos en su medio, desencadenando en muchas ocasiones, depresiones que esconden mucho más el diagnóstico de base.

 

Diagnósticos diferenciales

 

– Fobia/ansiedad social: “el trastorno de ansiedad social comprende miedo, ansiedad y evasión, que interfieren con la rutina diaria, el trabajo, la escuela u otras actividades (…)  Suele comenzar a principios o mediados de la adolescencia, aunque a veces puede empezar en niños más pequeños o en adultos. Fuente: https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/social-anxiety-disorder/symptoms-causes/syc-20353561

Como podemos ver, en la fobia social existe un miedo o excesiva preocupación por la interacción del individuo con su entorno social. A diferencia del TEA, en donde podría no existir un interés social o por otro lado, la persona podría no darse cuenta del impacto que causa su interacción con su entorno social, como por ejemplo: decirle a una persona que es gorda frente a otros. El no presentar un “filtro social”, podría ser un indicador del TEA, ya que la persona no logra empatizar con cómo se siente el otro frente a lo que está diciendo/haciendo. De igual manera, el no comprender las intenciones de los otros o el lenguaje figurado, como bromas, chistes o frases en doble sentido, son también indicios del mismo.

Todo lo anteriormente mencionado, correspondería al primer criterio del diagnóstico: “dificultades en la comunicación e interacción social”

 

Depresión: uno de los diagnósticos más comúnmente errados en adolescentes y adultos con TEA, debido a que en la mayoría de las ocasiones, existe un componente depresivo (debido al sentimiento de no encajar en su entorno o el aislamiento que esto mismo provoca), que oculta el diagnóstico de base.

Existen diferentes tipos de depresiones, pero a nivel general, podríamos definirla como: “un problema de salud mental grave que provoca un sentimiento de tristeza constante y una pérdida de interés en realizar diferentes actividades. (…) incluyen un cambio en la actitud y el comportamiento previos que pueden provocar angustia y dificultades importantes en la escuela o el hogar, en actividades sociales o en otros aspectos de la vida.” Fuente: https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/teen-depression/symptoms-causes/syc-20350985

Como podemos ver, un criterio importante es el cambio de actitud a comportamientos previos. En una persona con TEA, sus comportamientos/criterios serán los mismos desde el inicio de su infancia hasta siempre, ya que es una condición con la que se nace y permanece durante toda la vida; a diferencia de la depresión que es transitoria en la mayoría de los casos.

 

¿Qué señales podrían indicar TEA en un adulto?

 

Lo primero, es entender lo mencionado anteriormente: una persona con TEA ha presentado dificultades en su interacción con el medio desde el inicio de su infancia y de manera permanente.

En niveles bajos de complejidad, en cuanto al componente social y de comunicación, podrían observarse como niños que sí querían interactuar con sus pares, pero no comprendían los juegos o no respetaban límites tanto físicos (distancia social) como emocionales (no les importaba que un compañero llorara o se enojara). Como adultos, serán personas a las que se les dificulta mantener relaciones afectivas por no comprender lo que le sucede al otro o no descifrar las intenciones de los demás, junto con no comprender mentiras, chistes, bromas o frases en doble sentido. (Te invito a revisar el artículo “Teoría de la mente en TEA”)

En relación al componente de “intereses restringidos e inusuales (sensoriales)” , podríamos observar adultos a los que les molestan ciertas texturas en la ropa, cremas, comidas o el tacto con otras personas. De igual manera, molestia ante ruidos de la locomoción colectiva (como el metro) o la música fuerte en conciertos y discoteques.  En este componente, también observamos adultos coleccionistas de algo en específico o especialistas en algún aspecto de su vida, que posiblemente hayan llevado hacia su trabajo.

Por otro lado, muchos de los adultos con TEA, presentan dificultades en las funciones ejecutivas como:

– Organización y planificación: en lo cotidiano, podría costarles organizar su rutina en general o tareas en específico, lo que provocaría no cumplir con plazos/horarios establecidos o el fracaso en tareas que requieran muchos pasos, como el realizar una receta de cocina.

– Flexibilidad: podría dificultar la resolución de problemas en su trabajo o provocar molestia/tristeza por no llevar a cabo una actividad como se había planeado o de la forma que se esperaba que sucediera.

– Inhibición: la falta de “filtro social” diciendo/haciendo cosas que hagan sentir mal a otros, sin lograr percatarse de eso.

 

¿A quién acudir?

 

Éstas, entre otras señales, podrían ser indicios de que eres un adulto con TEA. Para confirmar este diagnóstico puedes acudir a un neurólogo y realizarte el test ADOS (¿Qué es el test ADOS-2?)

Si bien, es un diagnóstico que te ha acompañado durante toda tu vida y lo seguirá haciendo, necesitas reformular la imagen de ti mismo/a y cómo enfrentar esta “nueva realidad” que viene a explicar muchas preguntas que antes no tenían respuesta. Es recomendable acudir a la especialidad de psicología, con el fin de recibir una guía para ordenar todas estas respuestas y también, puedes acudir a un/a neuropsicólogo/a o terapeuta ocupacional para trabajar tus funciones ejecutivas (y lo sensorial en caso del último especialista).

 

Si necesitas mayor orientación, en centro de terapias Cognitivo, contamos con los/as especialistas indicadas que no solo se enfocan en el área infanto-juvenil, sino que son especialistas en el diagnóstico en general.

 

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