Sistema auditivo en niños con TEA

5 septiembre, 2019

Muchas veces, cuando hablamos de autismo, se nos viene a la cabeza la imagen de un niño tapándose los oídos en un rincón del salón de clases o huyendo a la hora de cantar el “cumpleaños feliz”. Esto es porque dentro del trastorno del espectro autista (TEA) es uno de los sistemas sensoriales más afectados. En este artículo te explicaremos el por qué, cómo ayudarlos en caso de descompensación y cómo trabajarlo.

Para esto, primero debemos comprender las generalidades del sistema auditivo. Este es uno de los cinco sistemas esteroceptivos, es decir, el estímulo proviene desde fuera de nuestro cuerpo y se compone de tres partes: oído externo, oído medio y oído interno.

Generalmente, uno de los primeros exámenes que deriva un neurólogo al haber sospecha de TEA, es precisamente para conocer si este sistema está funcionando correctamente para descartar que la ausencia de respuesta comunicativa se debe a la disminución o pérdida de la audición. Pero ¿qué sucede cuando estos exámenes auditivos salen dentro del rango normal y pese a esto, vemos en nuestros niños, conductas de hiporrespuesta (disminución de respuesta) ante el estímulo auditivo y “pareciera que no escuchara” o hiperrespuesta (molestia o huída) ante estímulos auditivos, como sonidos fuertes o inesperados?

¿Qué es la Hiperreactividad Auditiva?

Cuando hablamos de hiperreactividad, nos referimos técnicamente a una respuesta exacerbada ante un estímulo que fue procesado de la misma manera. Es decir, en el caso del sistema auditivo, el sonido se procesa de manera exagerada y esto produce molestia excesiva en la persona. Es en estos momentos en donde el sistema nervioso autónomo (encargado de regular las respuestas primitivas y basales de nuestro cuerpo), pide la reacción de lucha o huída y nuestros niños, frente al estímulo auditivo estresor, reaccionan huyendo o gritando, tapándose los oídos para bloquear la entrada del sonido que les molesta.

¿De qué manera se puede observar la hiperreactividad en mi hijo?

Como ya lo hemos comentado anteriormente, una de las formas en que observamos esta dificultad es a través del rechazo al estímulo auditivo fuerte o sorpresivo, observando conductas como salir corriendo y escapar del lugar, descompensaciones que desencadenan llanto incontrolable, auto o héteroagresiones o incluso reacciones fisiológicas como cambio de la coloración de la piel (enrojecimiento o palidez), sudoración, temblores, aumento en la frecuencia cardíaca, etc. Todas estas son llamadas conductas desadaptativas evitativas.

Por otro lado, podemos observar conductas desadaptativas buscadoras de sensaciones debido al mismo perfil sensorial hiperreactivo. Por ejemplo, niños que no logran expresar que el estímulo auditivo está molestándoles, suelen ponerse más inquietos en lugares con altos niveles de ruido, buscando poder regularse a través del movimiento, ya sea corriendo, saltando, girando, lanzando objetos, golpeando objetos, deambulando, etc.

De igual manera, esta búsqueda puede darse en el mismo canal sensorial auditivo, siendo niños que autogestionan sonidos constantemente, golpeando objetos y haciéndolos sonar o incluso, gritando fuerte; todo esto, con el fin de inhibir el estímulo auditivo externo y tener el control del estímulo que está ingresando al sistema, en cuanto a duración e intensidad.

¿De qué manera puedo ayudar a mi hijo si tiene hiperreactividad auditiva?

Lo primero que debemos hacer es, identificar el estímulo estresor. Si sabemos que nuestro hijo tiene esta dificultad en el procesamiento sensorial, debemos estar atentos al ambiente y contextos donde lo haremos desempeñarse. Por lo tanto, si logramos identificar que un estímulo auditivo generó una descompensación, debemos seguir los siguientes pasos:

  1. Sacar al niño del ambiente en donde se encuentra el estímulo. Recordemos que estas reacciones corresponden a una respuesta del sistema nervioso autónomo y que no van a ceder si el estímulo está presente en el ambiente.
  2. Nunca sobreestimular, es decir, no debemos ofrecerle el celular, juguetes, gritar o tocar si no es necesario, ya que en estos momentos no será útil y generará una sobrecarga al sistema nervioso.
  3. Entregar propiocepción. El sistema propioceptivo es el encargado de hacernos sentir nuestro cuerpo en el espacio. Además, es el sistema encargado de regular, en este caso disminuir el nivel de alerta. Por lo tanto, un abrazo apretado, una contención física o poder movernos en una actividad con propósito, ayudará a disminuir los niveles de alertas que fueron aumentados por el sistema nervioso autónomo antes mencionado, hasta lograr la calma.
  4. Siempre mantener la calma. El adulto será el encargado de entregar una sensación de protección y seguridad al niño. Esto también ayudará a que el niño se calme poco a poco.
  5. Es fundamental que, una vez calmado el niño, debemos explicar lo sucedido, ayudando al niño a entenderse a sí mismo y para que en una próxima ocasión, desarrolle, poco a poco, la capacidad de expresar con palabras su molestia para evitar llegar a una descompensación.

Es importante seguir estos consejos en una de las épocas más ruidosas del año. Se aproxima Fiestas Patrias y si tu hijo presenta este perfil sensorial, pon atención a los ambientes al que lo expongas y evita descompensaciones utilizando métodos compensatorios como el uso de protectores auditivos (de construcción, tapones disponibles en farmacias, etc.), con el fin de disminuir la intensidad del ingreso del ruido. Además, de forma paralela, puedes usar la valiosa herramienta de la anticipación, explicándole a tu hijo que existirán ruidos, canciones, personas bailando, etc.

Y recuerda, que este perfil sensorial, al igual que todas las alteraciones en el procesamiento sensorial, deben ser tratadas por un especialista certificado en Integración Sensorial.

En nuestro centro de terapias Cognitivo, todas nuestras Terapeutas Ocupacionales cuentan con esta certificación. Si tienes consultas sobre este y otros temas puedes acercarte a cualquiera de nuestras tres sucursales o escribirnos.

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