Cuando “parecer estar bien” requiere demasiado esfuerzo
Un niño conversa, participa en clases, sigue instrucciones y parece relacionarse bien con sus compañeros. Sus profesores incluso pueden decir: “Aquí no vemos mayores dificultades”.
Sin embargo, al llegar a casa necesita aislarse, está agotado o parece mucho más sensible a situaciones que durante el día logró tolerar.
¿Significa que está haciendo masking? No necesariamente. Pero situaciones como esta ayudan a entender por qué actualmente se habla tanto de masking, enmascaramiento o camuflaje social en el autismo.
Algunas personas con autismo aprenden estrategias para ocultar ciertas características, compensar dificultades o adaptarse a las expectativas sociales de su entorno. Desde fuera, estas estrategias pueden hacer que algunas necesidades sean menos evidentes.
Pero lo que vemos externamente no siempre refleja cuánto esfuerzo está realizando la persona para lograrlo.
El masking tampoco significa simplemente “fingir ser otra persona”. Es un fenómeno bastante más complejo y, sobre todo, no constituye por sí solo una señal diagnóstica de autismo.
¿Qué es el masking en el autismo?
El término masking puede traducirse como enmascaramiento. En investigación también se utiliza ampliamente el concepto de camuflaje social.
En términos sencillos, ocurre cuando una persona con autismo desarrolla estrategias para que ciertas características sean menos visibles o para desenvolverse en situaciones sociales de acuerdo con lo que se espera de ella.
Puede involucrar, por ejemplo:
controlar determinados movimientos;
observar e imitar a otras personas;
preparar mentalmente conversaciones;
esconder un malestar sensorial;
evitar hablar demasiado sobre un interés;
aprender reglas sociales que luego aplica de forma deliberada.
La investigación actual muestra que no existe una sola forma de camuflaje. Las personas pueden utilizar diferentes estrategias dependiendo del contexto y estas incluso pueden cambiar con el tiempo.
Por eso resulta más útil pensar en el masking como un conjunto de estrategias de adaptación que imaginar una máscara que la persona simplemente se pone y se quita.
Además, no siempre se utiliza por la misma razón.
Una persona puede hacerlo para pertenecer a un grupo, comunicarse mejor, evitar burlas, sentirse segura, desenvolverse en el colegio o responder a expectativas sociales que ha aprendido a lo largo de los años.
Masking, compensación y asimilación: no son exactamente lo mismo
La investigación ha identificado distintas formas de camuflaje. Una clasificación ampliamente utilizada distingue entre masking, compensación y asimilación.
Aunque en redes sociales estos conceptos suelen mezclarse, diferenciarlos ayuda a comprender mejor qué podría estar ocurriendo.
Masking o enmascaramiento
Consiste principalmente en ocultar o suprimir ciertos comportamientos o características.
Pensemos en un niño que suele mover las manos cuando está emocionado o necesita regularse.
Puede descubrir que otros niños se ríen cuando lo hace y comenzar a evitar ese movimiento durante el colegio.
Desde fuera podríamos pensar:
“Ya no lo hace”.
Pero eso no significa necesariamente que la necesidad haya desaparecido. Puede significar que aprendió a no mostrarla en ese contexto.
También podría evitar hablar de un tema que le interesa muchísimo porque ha aprendido que sus compañeros se aburren o hacen comentarios sobre ello.
Compensación
La compensación ocurre cuando una persona desarrolla estrategias para desenvolverse ante algo que le resulta difícil.
Por ejemplo, un niño puede aprender algunas preguntas que le funcionan cuando quiere acercarse a otros:
“¿Quieres jugar?”
“¿Cuál es tu juego favorito?”
“¿Puedo jugar con ustedes?”
Para los demás, la interacción podría parecer espontánea.
Sin embargo, el niño quizá practicó anteriormente esas frases con su familia o terapeuta y necesita recordarlas cada vez que intenta incorporarse a un juego.
Otro niño podría aprender a identificar expresiones faciales observando sistemáticamente cómo reaccionan otras personas.
No está necesariamente ocultando algo. Está utilizando una estrategia que le ayuda a comprender o enfrentar mejor una situación social.
Asimilación
La asimilación se relaciona con intentar encajar dentro de un grupo.
Un niño puede observar cómo hablan sus compañeros, qué juegos prefieren, cuándo se ríen o qué expresiones utilizan y posteriormente intentar reproducir esos comportamientos.
Esto puede volverse bastante sofisticado.
Un adolescente, por ejemplo, podría aprender qué temas conversar con distintos grupos, modificar su manera de hablar o estudiar detenidamente cómo comportarse en determinadas situaciones sociales.
Desde fuera, alguien podría concluir:
“Tiene muy buenas habilidades sociales”.
Y quizás efectivamente las ha desarrollado.
Pero también puede existir una diferencia importante entre poder realizar una conducta social y el esfuerzo que requiere realizarla.
Esa diferencia será fundamental a lo largo de este artículo.
¿Cómo puede verse el masking en la vida cotidiana?
El camuflaje no necesariamente ocurre de la misma manera en todos los ambientes.
Un niño podría utilizar muchas estrategias en el colegio y prácticamente ninguna en casa.
Otro puede sentirse completamente cómodo con dos amigos, pero necesitar controlar permanentemente su comportamiento cuando participa en un grupo grande.
Por eso el contexto importa mucho.
Algunas situaciones podrían verse así:
| Situación | Lo que los demás pueden observar | Lo que podría estar ocurriendo |
|---|---|---|
| Conversación | Conversa adecuadamente | Puede estar preparando mentalmente respuestas |
| Contacto visual | Mira al interlocutor | Puede estar pensando conscientemente cuándo y cuánto mirar |
| Recreo | Participa con otros niños | Puede estar observando e imitando comportamientos |
| Sala de clases | Permanece quieto | Puede estar controlando movimientos que utiliza para regularse |
| Ambiente ruidoso | No reclama | Puede estar ocultando o tolerando malestar sensorial |
| Intereses | Habla de los mismos temas que sus compañeros | Puede evitar deliberadamente hablar de sus intereses preferidos |
| Colegio | Parece no presentar dificultades | Algunas necesidades pueden no ser visibles allí |
| Después del colegio | Busca silencio o estar solo | Puede necesitar recuperarse del esfuerzo realizado durante el día |
Hay una advertencia especialmente importante:
ninguna de estas situaciones demuestra por sí sola que un niño esté haciendo masking ni que tenga autismo.
Un niño puede llegar agotado del colegio por muchas razones. Puede preparar conversaciones por timidez o ansiedad. Puede imitar a sus compañeros como parte normal del aprendizaje social.
Por eso no resulta recomendable utilizar listas de “señales de masking” como una especie de test.
Un comportamiento aislado nos entrega poca información.
Tenemos que mirar el contexto, la frecuencia, la historia del desarrollo, las necesidades del niño y la función que parece cumplir esa estrategia.
¿Por qué una persona con autismo puede hacer masking?
Esta pregunta es clave.
Si camuflar determinadas características puede requerir esfuerzo, ¿por qué alguien lo haría?
Porque muchas veces funciona.
Puede facilitar una conversación.
Puede ayudar a formar amistades.
Puede disminuir el riesgo de recibir burlas.
Puede permitir participar en determinadas actividades.
Puede ayudar a sentirse más seguro dentro de un grupo.
La investigación ha encontrado que el camuflaje está relacionado con factores como las expectativas sociales, experiencias de aceptación o rechazo, autoestima, identidad y características del entorno.
Pensemos nuevamente en un niño.
Cada vez que habla durante mucho tiempo sobre dinosaurios, sus compañeros dejan de escucharlo.
Con el tiempo descubre que conversar sobre fútbol genera una reacción diferente.
Puede aprender entonces:
“De dinosaurios mejor no hablo aquí.”
Otro niño puede escuchar repetidamente:
“Mírame cuando te estoy hablando”.
Con los años podría aprender a controlar conscientemente cuánto tiempo mira a los ojos, aunque hacerlo le resulte incómodo o incluso le dificulte concentrarse en la conversación.
Un tercer niño puede notar que cuando mueve sus manos algunos compañeros se ríen.
Y simplemente deja de hacerlo frente a ellos.
Estos ejemplos permiten entender algo importante:
el masking no debería presentarse únicamente como algo malo.
En determinadas situaciones puede cumplir una función de protección, pertenencia o adaptación.
La pregunta importante no es solamente:
“¿Cómo hacemos para que deje de hacerlo?”
También deberíamos preguntarnos:
“¿Por qué siente que necesita hacerlo en este lugar o frente a estas personas?”
A veces esa segunda pregunta nos entrega mucha más información.
¿El masking siempre es consciente?
No necesariamente.
Algunas personas reconocen claramente sus estrategias:
“Antes de hablar con alguien pienso qué temas puedo conversar”.
O:
“Me acuerdo de mirar a los ojos unos segundos porque sé que se espera que lo haga”.
Pero otras estrategias pueden aprenderse poco a poco.
Un niño observa a quienes lo rodean, descubre qué comportamientos generan aprobación, cuáles reciben correcciones y cuáles pueden provocar rechazo. Con el tiempo, algunas de esas adaptaciones pueden convertirse en su manera habitual de enfrentar determinadas situaciones sociales.
Por eso una persona puede llevar años utilizando estrategias de camuflaje sin haber pensado conscientemente:
“Estoy haciendo masking”.
Esto no significa que toda conducta social aprendida sea enmascaramiento. Todos aprendemos reglas para desenvolvernos con otras personas. Lo importante es comprender qué se está intentando ocultar o compensar y cuánto esfuerzo requiere hacerlo.
¿Qué ocurre con el masking en niños y niñas?
Aquí aparece una distinción importante.
Gran parte de lo que sabemos sobre masking proviene de investigaciones realizadas con adultos con autismo. Por eso debemos ser cuidadosos al trasladar automáticamente esas conclusiones a la infancia.
Sin embargo, durante los últimos años han comenzado a aparecer estudios sobre niños y adolescentes que plantean preguntas especialmente interesantes.
Una de ellas surge cuando la familia y el colegio parecen estar viendo a dos niños diferentes:
“En el colegio nos dicen que está muy bien, pero cuando llega a casa está agotado, necesita aislarse o se desregula”.
¿Significa esto que estuvo haciendo masking durante todo el día?
No necesariamente.
Existen muchas razones que podrían explicar una diferencia entre el comportamiento en casa y en el colegio. Pero el camuflaje es una de las posibilidades que actualmente se está investigando.
Y hay algo todavía más interesante.
Al estudiar estas diferencias, los investigadores han encontrado resultados particularmente relevantes en niñas con autismo.
Esto nos lleva a una de las preguntas más importantes de este artículo:
¿Es posible que algunas niñas aprendan a adaptarse socialmente de una manera que haga que sus características autistas sean menos visibles para quienes las rodean?
Y si es así:
¿podría esto contribuir a que algunas mujeres lleguen a descubrir su autismo muchos años después?
La evidencia científica de los últimos años nos permite empezar a responder esas preguntas.



