TEA en la adolescencia y sus principales desafíos

TEA en la adolescencia y sus principales desafíos
Tiempo de lectura: 5 minutos

En el desarrollo de todo ser humano hay una etapa que marca nuestro paso desde la infancia hacia la adultez, caracterizándose por ser un momento de cambios y descubrimientos, nos referimos a la adolescencia. Según la UNICEF (s.f, p.2), este período se da entre los 10 y los 19 años (o más) y se divide en:

Adolescencia temprana (10 a 13 años):

  • Aparición de cambios físicos
  • Tendencia a pasar más tiempo con amigos
  • Surgimiento de los cuestionamientos constantes

Adolescencia media (14 a 16 años):

  • Cambios a nivel psicológico
  • Construcción de la identidad
  • Preguntas respecto al futuro
  • Búsqueda de la independencia de los padres
  • Exposición a situaciones de riesgo

Adolescencia tardía (17 a 21 años):

  • Culmina el desarrollo físico
  • Se alcanza cierta madurez psicológica
  • Mayor sensación de comodidad con el cuerpo
  • Se eligen relaciones individuales o de grupos pequeños
  •  

Etapa de desafíos

Según la UNICEF (s.f), es un momento de la vida en el que buscamos desarrollar nuestra propia identidad, lo cual implica ahondar en la exploración de nuestros intereses y creencias, se busca percibir un mayor sentido de independencia y autonomía, comienza a haber una curiosidad por el sexo opuesto y el ánimo se puede volver un tanto inestable e intenso.

En el caso de los adolescentes con Trastorno del Espectro Autista, condición que se caracteriza por “problemas en la comunicación e interacción social y patrones repetitivos, restringidos y obsesivos en el comportamiento” (Peña & Esquisábel, 2022 pp.11-12), hay aspectos que representan mayores desafíos, sobre todo en el ámbito socioemocional, por lo que es importante poder acompañarlos en el proceso y ayudarlos a desarrollar tanto su conciencia emocional como habilidades sociales que les permitan desenvolverse en los contextos en los que se encuentren insertos.

Por otra parte, puede suceder que, el adolescente comience a experimentar cambios físicos, mas no así a nivel psicológico, pudiendo ser más difícil afrontar el desarrollo que están viviendo, teniendo en ocasiones un nivel de madurez menor al esperado para su edad.

Conciencia emocional

De acuerdo a Perera, M. (2017) la conciencia emocional hace referencia a la capacidad de reconocer las emociones tanto en los otros como en sí mismos, pudiendo además captar el clima de las interacciones sociales. Esto puede generar un desafío para los adolescentes con esta condición porque, por una parte, las emociones se viven de manera más intensa y, por otra, la identificación y expresión de emociones pueden verse afectadas. Esto último se debe a la falta de conocimiento de la emoción que se vive, de su origen o la vergüenza de experimentarla pudiendo derivar en desregulaciones emocionales.

Desregulación emocional

En relación a una desregulación emocional es importante señalar que según Lecannlenier (2013) para poder acompañar estas situaciones donde se dificulta la gestión emocional primero se debe estar atento a los indicadores verbales y no verbales del adolescente, para luego pensar en aquello que desencadenó la situación y ver si se puede resolver de otra manera, desviar su atención o ayudarlo a sobrellevar el estrés.

Si lo anterior, no es posible, de acuerdo a Tinajero, C., López, G., & Jodra, M. (2021), se pueden recordar los beneficios que se obtienen tras un buen comportamiento o en este caso una adecuada gestión de la emoción, así como también ver una alternativa para mantener la tranquilidad. Luego de esto, se puede alcanzar la regulación pero también puede pasar que no se resuelva y el adolescente “explote”, para lo cual es necesario destinar un espacio de calma y acompañar la emoción, utilizar algún elemento de su interés para distraerlo, ya sea verbal o sensorialmente. Si es necesario, brindar tiempo para poder autorregularse.

Cabe destacar que, para poder manejar esta situación, debe haber un trabajo de autorregulación de parte de los cuidadores, entendiendo que si el joven se comporta así es porque puede haber algo más que una actitud desafiante o que no sabe cómo expresar lo que siente.

Por último, viene la regulación y el regreso a la calma, siendo importante validar la emoción vivida, poniéndole nombre y señalando el por qué de la molestia, para poder prever una desregulación en el futuro.

Habilidades sociales y autoestima

Por otra parte, es característico de esta etapa del desarrollo relacionarse con pares, sin embargo las situaciones sociales para los adolescentes con TEA se pueden volver un gatillante de ansiedad producto de no saber como acercarse a un otro. Aún así, se debe tener en cuenta que trabajando el desarrollo de estas habilidades los jóvenes pueden tener más confianza a la hora de conversar con alguien nuevo, entender mejor el lenguaje figurativo, los chistes y poder determinar la intención del interlocutor.

Es importante considerar que es desde este ámbito donde los adolescentes pueden comenzar a identificar mayores diferencias con sus pares que los pueden llevar a aislarse o sentirse distintos de los demás, prefiriendo evitar en ocasiones el hecho de tener que conversar con otros adolescentes.

Por lo mismo, desde temprana edad es beneficioso poder ir fortaleciendo el autoestima y autoconcepto de los adolescentes, destacando aquellas cualidades que los caracterizan y exponer la idea de que todos somos diferentes, realzando justamente el componente que marca esa diferencia desde una perspectiva positiva.

Estado de ánimo y comorbilidad

Ahora bien, de acuerdo a la doctora Amaia Hervás (2017) es un momento en donde suele haber una mayor labilidad afectiva, pudiendo llegar a experimentar cambios bruscos en el estado de ánimo, así como mayor irritabilidad o pensamientos negativos.

Así mismo surgen preocupaciones relacionadas al futuro, a lo que harán terminando la etapa del colegio, así como también a poder encajar en un círculo social pudiendo haber aislamiento social y preocupación en torno a los conflictos que se pueden gatillar con los padres, debido a la búsqueda de independencia. Estos factores según Hervás pueden estar asociados al aumento de “la desregulación emocional, las conductas maladaptativas y la vulnerabilidad a comorbilidades típicas con depresión y ansiedad” (2017, p.22).

Es decir, debido a las preocupaciones típicas de la adolescencia sumado a los cambios que hay a nivel anímico, se vuelve más probable la aparición de sintomatología que va en la línea de lo ansioso y de lo depresivo, pudiendo existir una preocupación excesiva de distintas situaciones, junto con un sobre pensamiento de las mismas y por otro lado, los adolescentes pueden presentar desánimo, sentimientos de culpa, dificultades para pensar o concentrarse, entre otros.  

Siendo fundamental poder ayudarlos a exteriorizar lo que van sintiendo, teniendo en cuenta que muchas veces el hacerles preguntas no dará buen resultado, debiendo buscar caminos alternativos, como la escritura, el dibujo, pintar o la actividad física, entre otros.

Es importante poder recibir apoyo y guía de su entorno.

Recomendaciones para poder sobrellevar esta etapa

Por último, algunas recomendaciones para poder sobrellevar esta etapa son:

  • Conversar sobre los cambios que se generan en el cuerpo, permitiendo poder generar mayor conciencia respecto a que conforman parte del desarrollo normal del ser humano. Apoyarse de material visual que permita entender las transformaciones corporales de manera concreta.
  • Hablar de temas importantes de forma clara y natural, ya sea de la sexualidad, situaciones de riesgo, diversidad, consentimiento, privacidad, entre otros. Lo importante es responder desde lo comprensivo y ayudar al adolescente a reflexionar en torno a los distintos temas.
  • Generar un espacio de confianza y diálogo en donde se puedan responder a las preguntas o inquietudes del adolescente en la medida en que se sienta listo. Es importante no emitir juicios de valor para que el adolescente pueda conformar su propio pensamiento y pueda expresarse libremente.
  • Permitir brindar espacios en donde el joven pueda desenvolverse de forma autónoma e independiente, ya sea desde tener mayores responsabilidades en las tareas del hogar como fuera de este, pudiendo aprender a comprar o andar en transporte solo.
  • Mantener hábitos saludables, incluyendo el poder realizar algún deporte o actividad física que ayude a metabolizar la energía del adolescente o como recurso para desahogarse en caso de ser necesario.
Comparte el artículo:

Artículos relacionados